Todo el mundo deja algo. Algunos dejan bienes, otros dejan deudas. Algunos dejan un nombre que abre puertas, otros dejan un nombre que nadie quiere recordar. Pero nadie pasa por esta Tierra sin dejar nada. La pregunta no es si vas a dejar un legado. La pregunta es cuál.
Este libro nació de cuatro ministraciones que predicé en la IBRC Pelotas, en momentos muy diferentes. Una de ellas se predicó frente a una cámara, con el templo cerrado, en un tiempo en que no podíamos abrazar a nadie. Otra fue en una noche de Santa Cena, con tres palabras anotadas en un papel para no perder la dirección. Otra, un miércoles, sobre una de las parábolas más conocidas de la Biblia. Y la última, un domingo de diciembre, terminando un año difícil, sobre una palabra que estaba en la boca de todos: legado.
Cuando juntamos esos mensajes, nos dimos cuenta de que hablan de lo mismo desde ángulos diferentes. Hablan de la iglesia, que no es un edificio, sino gente que levanta gente. Hablan de la familia, que es proyecto de Dios y que necesita ser conquistada cada día. Hablan del trabajo, que Dios entregó al hombre antes incluso del pecado. Hablan de un hijo que salió de casa con la herencia antes de tiempo y del Padre que lo esperó en el camino. Y hablan de lo que queda de nosotros cuando ya no estemos aquí.
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